Esta pregunta me la hacen con frecuencia porque a nadie se le escapa que en mi casa las cosas son diferentes: la enfermedad de papá ha condicionado desde hace años la vida de todos. Mari Carmen, Jesús y María se han convertido en grandes cuidadores. Los niños han convivido desde pequeños con mis limitaciones y esto ha provocado que sean más maduros. Por eso quería compartir con vosotros los correos electrónicos que me ha escrito María hace unos días. No digo nada más porque creo que hablan por sí mismos.
CORREO 1. Hola papi. Soy María. Te escribí esto por la noche, cuando tú estabas durmiendo tan a gustito… A lo que iba, que te quiero mucho sabes que soy una pesada, muchas gracias por hacerte la traqueo ese es el mejor regalo de santo y de cumpleaños que me puedes hacer. Perdón por escribirte en tu correo, es que yo no tengo y me gustaría tener pero con esta edad yo no puedo tenerlo.
Ya mismo tengo la edad del pavo y la verdad es que sí, tengo un poco de pavo, a veces me río sin razón

CORREO 2. Hola papi, sí, soy yo otra vez. Bueno, que te escribo para contarte mi experiencia en el hospital: antes de que me ingresaran, yo por las noches rezo por todos los que están en los hospitales sin sentir nada de ellos. En el hospital lo pasé un poco mal, también he aprendido que si es un pestiño estar 4 días, ya ves la gente que está más tiempo ingresada. Y sobre todo pensé en ti, estuviste 1 mes… pobrecito. Ya lo comprendí desde el principio, pero cuando estuve ingresada ya aún mas… Cuando rezo por ellos, lo siento de verdad, como si yo lo fuera. Lo que he aprendido de estar ahí es que cuando no estas como ellos no lo sientes de verdad, así que ya te comprendo al 100 %. La parte buena es que hay muchos familiares que fueron a verme y que había una tele que funcionaba con monedas en mi habitación…Y que jugué a un juego súper chulo: las palabras encadenadas. Bueno, que gracias por felicitarme por la anterior carta.

CORREO 3. Si papá, soy yo otra vez. Bueno, que te escribo para contarte cosas sobre nuestra familia. En la charla aquella de junio, comentaste que la familia era un barco. Es cierto, porque cada uno tiene que poner de su parte para que ese barco funcione. Y cuando un miembro falla, que en ese caso eres tú, todos tenemos que ayudar a ese componente que falla. Cuando nos peleamos, se forman olas que tenemos que pasar por otro lado para que no nos choquemos contra ellas. Y a lo mejor uno se lo pasa bien (Jesusete) y el resto lo pasa mal (nosotros). Jesusete se lo pasa bien chinchando y nosotros estamos tristes. Por eso, hay que mantener el barco equilibrado siempre por si las moscas. Bueno, te seguiré escribiendo en la siguiente carta, de un día lejano…