La fisioterapia es parte del tratamiento de la ELA y, aunque la actividad física contribuye a mejorar la calidad de vida, no impide el avance de la patología, pues una neurona motora destruida no se va a recuperar a través del ejercicio físico.

Por otra parte, la reducción de la movilidad y la actividad física en la ELA, en particular si es prolongada, produce atrofia muscular, favorece la aparición de la osteoporosis y reduce la fuerza de los tendones y los ligamentos; además, provoca mucho dolor cuando intentan movilizarnos o vestirnos.

La actividad física incluye acciones diarias desde subir las escaleras hasta labores como sacar al perro o colaborar en las tareas de casa.

Recomendaciones de nuestra fisioterapeuta Gema Cano, sobre el ejercicio cuando la ELA avanza:

  1. Si podemos movernos: ¡no dejar de hacerlo!
  2. Si tenemos dificultades para realizar tareas: modificarlas para seguir haciéndolas y si es necesario: PEDIR AYUDA.
  3. Si la movilidad ya está muy reducida: otra persona tiene que ser la encargada de movernos (fisioterapeuta, cuidador, familiar), el paciente tiene que intentar participar.

Es importantísimo no dejar de mover las articulaciones:

  • Dedos de las manos, muñecas, codos, hombros.
  • Dedos de los pies, tobillos, rodillas, caderas.
  • Cuello, espalda.

Todas estas articulaciones tienen unos movimientos naturales de flexión, extensión y rotación que, si se realizan con suavidad y sin miedo, podemos mejorar la calidad de vida de la persona con ELA. Si aparece dolor pararemos, pero no por ello dejaremos de intentarlo porque así:

  • Desaparecerán los dolores poco a poco derivados de la inmovilidad y evitaremos que aparezcan otros.
  • Evitaremos rigideces articulares.
  • Mejoraremos el estado de ánimo, al evitar molestias innecesarias.

Y no olvidar los cambios posturales, tanto en la cama como sentado en silla o sillón. Son necesarios para dar movilidad y evitar zonas de presión que puedan provocar dolor y heridas indeseadas.