hongos elaEl doctor Alberto García Redondo, experto en ELA del Hospital 12 de octubre de Madrid, ha enviado a nuestra Asociación este artículo aclaratorio con respecto al asunto de la posible relación causa-efecto de la infección de hongos en la ELA, dice así:

Hasta el día de hoy, la etiología de la ELA permanece en completa oscuridad. Si bien existen multitud de teorías etiopatogénicas sobre el desarrollo de la neurodegeneración de las neuronas motoras en esta patología, a las que dedicamos siempre una amplia sección en este boletín, tan sólo se encuentran completamente confirmadas aquellas relacionadas con la herencia genética de la enfermedad (un bajo porcentaje de casos). Incluso en los casos de herencia genética, en la actualidad seguimos sin comprender en profundidad por qué las mutaciones en dichos genes dan lugar a esta terrible enfermedad, aunque la mayor parte de la comunidad científica asume hoy día que dichas mutaciones se relacionan con acúmulos de proteínas mal formadas que darán lugar finalmente a la degeneración de la neurona.

Un grupo del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa en Madrid acaba de publicar en la revista “International Journal of Biological Sciences” (2015 Vol. 11) los resultados de un trabajo en el que se relaciona la ELA con infecciones fúngicas, producidas por hongos.

Los investigadores, liderados por el Dr. Luis Carrasco, han realizado un estudio exhaustivo de presencia de diferentes especies de hongos y levaduras en el tejido nervioso de pacientes con ELA.

Para ello se analizaron muestras de líquido cefalorraquídeo (LCR) y tejido cerebral de 5 pacientes donantes, diagnosticados de ELA, con el fin de determinar la existencia de proteínas y ADN micótico. Se emplearon como controles muestras de LCR y tejido cerebral de 3 donantes sanos. Las muestras fueron proporcionadas por el banco de tejidos de la fundación CIEN, todas ellas obtenidas tras el fallecimiento de los donantes.

En sus análisis, detectaron la presencia de antígenos fúngicos, así como ADN de varias especies de hongos y levaduras en LCR de pacientes con ELA. Los antígenos son moléculas que poseen características inmunorreactivas en nuestro organismo, pues son ajenas al mismo (por ejemplo, los antígenos de un virus, generan anticuerpos contra el mismo, para poder desactivarlo y eliminarlo mediante la inmunidad celular). El hallazgo de antígenos en un tejido humano, significa que en ese tejido (o fluido) existen moléculas externas al propio organismo humano, y que se han depositado o se han desarrollado allí mismo. En este caso, el hallazgo de antígenos fúngicos, significa que los hongos se encuentran en el LCR, e incluso, que se han desarrollado en el sistema nervioso central (SNC) pues el LCR rodea y alimenta a todas las neuronas de nuestro organismo.

En segundo lugar, en el desarrollo de este proyecto, han intentado demostrar la presencia de material genético de origen fúngico en muestras de LCR de pacientes con ELA. Y sus resultados demuestran que existe material genético (ADN) procedente de diferentes de hongos y levaduras en muestras de 4 pacientes con ELA, que no se encuentran en los controles sanos. Con el hallazgo, en algunos casos, de la presencia de varias especies a la vez en la muestra de LCR del mismo paciente.

Por otro lado, han intentado estudiar el lugar exacto en el que se encuentran las proteínas (o antígenos) de dichas especies de hongos. Y lo que han encontrado es que el examen de las secciones cerebrales de la corteza frontal de pacientes con ELA reveló la existencia de antígenos fúngicos inmunopositivos, incluyendo microestructuras puntuadas en el citoplasma de algunas neuronas.

La observación de microestructuras, dentro de las propias neuronas y células gliales, que se pueden marcar positivamente utilizando anticuerpos contra los antígenos fúngicos, nos da la idea de que dentro del cerebro, y dentro de las células que lo forman, aparecen unas estructuras formadas por moléculas fúngicas que se hayan completamente embebidas dentro de las neuronas. Los autores dan el nombre de endomicosomas a dichas estructuras.

De nuevo se estudió material genético de origen fúngico esta vez en cerebro de pacientes con ELA. Y lo que encontraron fue que en todas las muestras de los pacientes se detectó ADN fúngico en tejido cerebral mediante análisis por PCR, revelando la presencia de varias especies fúngicas, que además en el mismo paciente pueden ser diferentes al estudiar distintas partes del cerebro por separado.

Por último, los análisis proteómicos de tejido cerebral (estudios globales del conjunto de proteínas que forman parte de un tejido concreto en un momento dado de su vida) demostraron la concurrencia de varios péptidos fúngicos, tras el cribado exhaustivo intentando normalizar y diferenciar las similitudes que dichos péptidos podrían tener con otros péptidos propios del ser humano. El estudio les ha llevado a distinguir la presencia de péptidos compatibles con α y β-tubulina de origen fúngico en las muestras de pacientes con ELA.

Colectivamente, las observaciones nos proporcionan unas evidencias convincentes de infección fúngica en los pacientes con ELA analizados, sugiriendo que esta infección puede jugar un papel importante en la etiología de la enfermedad o que podría constituir un factor de riesgo para el desarrollo de la misma.

Según el Dr. Carrasco “la existencia de restos fúngicos tanto en los estudios previos que hemos realizado en enfermedad de Alzheimer, esclerosis múltiple y ahora en ELA, nos sugiere que la infección por este tipo de microorganismos puede ser una de las causas de la neurodegeneración, así mismo, las diferencias entre el perfil genético de los pacientes y, por tanto, de la capacidad de acción de su sistema inmune, podría dar lugar a la degeneración específica de distintos grupos de neuronas en cada paciente”.

Esta publicación representa un primer paso para esclarecer el origen de la ELA. Los resultados descritos en este trabajo abren un nuevo campo de investigación para otros grupos que estén interesados en analizar más pacientes en España ó en otros países. Podría ahora enfocarse la investigación a ensayos dirigidos al análisis de infecciones fúngicas en pacientes vivos. Si estos resultados fueran positivos, podrían servir de base para iniciar un tercer paso, es decir, que médicos especialistas, tanto en ELA como en micosis, valorasen la posibilidad de iniciar un estudio piloto que estuviera controlado por los centros hospitalarios.

Por tanto, la investigación en este momento podría dirigirse a la realización de estudios que demuestren la presencia de micosis diseminada en pacientes diagnosticados de ELA en suero sanguíneo. En un primer análisis se podría estudiar la existencia de polisacáridos de hongos, como es el caso de Fungitell, que tiene una alta sensibilidad, aunque no detecta todos los hongos conocidos. Este ensayo tampoco nos da idea de la especie fúngica que se encuentra en el paciente. Para ello, es necesario aislar ADN fúngico y secuenciarlo. Los hongos tienen una baja viabilidad en el torrente sanguíneo y solamente en casos excepcionales con elevada carga fúngica, y tan sólo en el caso de unas pocas especies de hongos, se pueden aislar en la sangre de las personas infectadas. Por ello los hemocultivos no son recomendables para analizar la presencia de una infección fúngica diseminada.

“Desde nuestro punto de vista, los análisis de suero sanguíneo de pacientes con ELA para que sean lo más completos posible, podrían dirigirse en este momento al ensayo de macromoléculas fúngicas: polisacáridos, proteínas fúngicas y ADN. Los polisacáridos se pueden analizar mediante el ensayo Fungitell. Las proteínas fúngicas mediante el ensayo de slot-blot. Y el ADN mediante PCR. Una vez que se obtengan los resultados en pacientes, los médicos especialistas podrían valorar con mayor precisión la posibilidad de administrar compuestos antifúngicos” comenta el Dr. Carrasco.

Hasta que llegue ese momento, y con los resultados de este estudio, debemos ser cautos y no podemos confirmar que la relación entre la ELA y los hongos sea una relación directa de causa-efecto. Si bien se abre una nueva posibilidad, ésta debe de corroborarse con más evidencias experimentales y en más pacientes.