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| Ser enfermo... ¡pues vaya!. |
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| Miércoles, 24 de Marzo de 2010 09:58 |
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Yo reconozco que cuando comenzó mi andadura por el duro camino de la enfermedad tampoco entendía del todo bien esto y dedicaba mucho tiempo, pues yo tenía una mentalidad muy racional, a preguntar por el origen de la enfermedad, el por qué me había sucedido a mí esto, quien me había mandado la enfermedad En cualquier caso Jesús se cruzó en mi camino y dejè de lado estas preguntas porque sentí la necesidad de revisar mi alma por dentro, ya que él pasaba cada vez más tiempo conmigo y yo no quería tener sucia la casa. Casi sin darme cuenta todo empezó a cambiar: los valores, mis preferencias, mi carácter etc. entendí rápidamente que para que esta relación avanzara tenía que ahondar en el estudio de la fe y aumentar mi vida de oración. Con el tiempo entendí que todo este trabajo se había convertido en mi nuevo oficio, el de ser enfermo, como decía Lolo enfermo paralítico que compartía con el de ser padre de familia. Al contrario de lo que sucedía en mi antigua profesión de médico, en la cual conforme pasaba el tiempo si estudiabas y trabajabas más te sentías más seguro de ti mismo, en este caminar hacia Dios las cosas suceden al revés : que conforme te acercas tú te sientes cada vez más pequeño y lo ves a él cada vez más grande. Y precisamente ahora, cuando el Señor me acerca más a Èl a través de la humildad es cuando empiezo a comprender algunas cosas de la enfermedad. Alguien escribió hace tiempo que Jesús no vino al mundo a hacer desaparecer el dolor, ni tampoco a explicar su significado. El vino a darle sentido al sufrimiento. Es decir cuando me llega la enfermedad porque mi naturaleza humana es finita, mi amigo Jesús se cruza en mi camino y con su amistad, con su cariño me enseña a caminar por este nuevo camino, llegando incluso a conocer la felicidad de su mano en este terreno tan adverso. Yo siempre digo aquello de Juan Pablo II de que el dolor es un misterio. Pero aún siendo así e incluso aunque yo querría estar sano, he descubierto en la enfermedad que me ha tocado vivir una ocasión inmejorable para acercarme más a Dios y podría decirle a quien escribió aquello en el periódico que sì, que estoy enfermo... ¡y vaya que si soy feliz!
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Esto lo escribía hace poco alguien en el periódico refiriéndose a unas palabras de la beata Teresa de Calcuta cuando decía que los que sufrían enfermedad eran los preferidos de Dios.











