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Miércoles, 24 de Marzo de 2010 10:03

EuroDisneyDesde estas líneas queremos expresar nuestra gratitud a la persona que hace unos días nos envió esta carta al correo electrónico de ELA Andalucía. Es nuestro deseo compartir este escrito con todos nuestros lectores por la lección de vida que lleva impresa. No como enfermo, sino como persona.

 

Queridos amigos: He estado un buen tiempo sin escribir porque durante el verano los niños se hacen los dueños del ordenador y, yo encantado. No sé si os habéis enterado todos, pero en junio estuvimos de viaje en Eurodisney. A mí, me hacía mucha ilusión el poder ir, pero era consciente de que con las limitaciones
de mi enfermedad era difícil. Yo que no puedo moverme, ni dar un paso, ¿cómo voy a imaginar que podría viajar tan lejos y desenvolverme en un medio extraño?


Por eso lo que para otros es sólo un pequeño paso para un "cojo" (yo me llamo así, a mí mismo, de forma cariñosa) es un paso enorme. Hay gente que cuando nos ve en sitios así no sé si nos entiende. Algunos piensan que queremos batir un récord otros, que para qué nos metemos en tantos jaleos si luego no podemos entrar en la mitad de los sitios. Nada más lejos de la realidad. Yo soy un padre de familia como cualquiera y a mis hijos les hacía ilusión este viaje. Entonces he hecho lo que cualquier padre haría que es planificar el viaje, lo que ocurre es que prepararlo es especial por mis limitaciones.


Cuando estaba en el parque disfruté como cualquier padre de ver cómo se lo pasaban mis hijos y, en cuanto a que no me podía montar es mentira, lo hice en varias ocasiones como lo demuestra una de las fotos. Lo que ocurre es que para subir necesitó unas rampas especiales.

 

También es cierto que para que este milagro suceda necesitas ayuda. En este caso yo tenía siete cuidadores: mi mujer, mis dos hijos, mi hermano Roberto, mi cuñada Juanita y mis dos sobrinos.


La lección que he aprendido en este viaje es lo que de forma similar sucede en el camino de la vida: tienes la opción de quedarte en casa lamentándote que hay muchas cosas que no puedes hacer por la enfermedad.


La otra es luchar para tratar de llevar una vida lo más normal posible, no sólo por ti sino por tu familia. No todo es de color de rosa y a que a veces tienes que renunciar, pero estas renuncias no son tan traumáticas si has peleado previamente, si has tratado de adaptarte con todas tus fuerzas. Son una maleta que dejas en el camino y continúas hacia delante.


Tengo muchas limitaciones, eso es cierto, pero este camino me va enseñando que cuando hay personas a tú lado que te ayudan o las condiciones físicas del entorno se adaptan es posible hasta alcanzar un sueño.

Un abrazo a todos.

 
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