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Desde que la enfermedad llegó a mi vida y me dejó postrado en una silla de ruedas hace más de dos años todo ha cambiado .Yo imagino que hasta entonces viajaba por la Gran Carretera. Es decir, mi vida, bastante convencional , se desarrollaba en una gran autopista, siempre llena de gente con muchos coches que iban deprisa en todas las direcciones, con mucho ruido, con grandes letreros luminosos:trabajo,dinero,prestigio,diversión,etc.
De repente cuando mi invalidez progresa y me quedo en casa porque dejo de trabajar es como si me desviara por una vía sin salida que me llevó a un camino solitario, mi nuevo camino. Este era mucho más sencillo, de tierra, sin personas, sin indicadores, a oscuras, en silencio. Mi experiencia inicial de la enfermedad fue así.
No sabía qué hacer allí, pero en seguida Jesús se cruzó en mi camino, los encuentros fueron cada vez más frecuentes y me llevaron a sentir la necesidad de trabajar en ”La Huerta del Alma” como diría Santa Catalina de Siena. Para ello necesitaba leer, estudiar, hacer oración… Todo ello porque descubrí que mi fe era la de un niño y se había quedado pequeña . También en este camino descubrí mi nuevo oficio (antes yo era médico): en adelante sería el de enfermo, o mas exactamente como diría Lolo enfermo paralítico. Para ello tuve que familiarizarme con nuevas herramientas que coloqué en la mochila: paciencia, renuncia, mansedumbre……y la cruz. Jesús me enseñó con ella a comprender y dar sentido al sufrimiento y a entender su valor redentor. Después me dijo que tenía que trabajar en la evangelización del mundo, y yo le dije que no sabía como hacerlo sin brazos y sin piernas. “Camina y aprenderás”, y en ese negocio apasionante continuo cogido de su mano en este mi nuevo camino.
Ahora que ha pasado el tiempo miro hacia atrás y veo que sin darme cuenta llevo caminando ya un buen trecho, que ahora no es todo tan silencioso y soy capaz de oír nuevos sonidos (venía de la otra carretera con los oídos atronados), que no hay oscuridad porque la pupila de la fe esta mas abierta y me permite ver cosas que antes estaban ocultas (venía deslumbrado)….. y que soy feliz.
Bueno y estos son mis dos caminos. No me atrevo a juzgar sobre cual es el mejor, aunque hay personas que cuando me ven sentado en mi sillón de ruedas y en mi camino “pequeño y solitario” dicen: “qué pena, qué lástima, pobrecito”. Yo también siento un poco de pena cuando miro a la Gran Carretera y veo personas que no tienen tiempo para nada ni para nadie.
Creo que no hay caminos buenos o malos, solo tenemos que descubrir cual es el que nos tiene reservado el Padre y caminar confiadamente por él. |