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Barack Obama, el presidente de EEUU, acaba de levantar el veto a investigar con células madre. Resurge la carrera por la medicina regenerativa. Pero junto a la investigación puntera se dispara el ‘turismo celular’, los fraudes y los escándalos. Entramos en el laberinto.
En febrero de 2005, un matrimonio israelí acudió con su hijo al centro médico Sheba, dependiente de la Universidad de Tel Aviv en Israel. El chico, de 13 años, en silla de ruedas, sufría recurrentes dolores de cabeza y padecía una rara enfermedad congénita neurodegenerativa, la ataxia telangiectasia, que desgasta el cerebelo y produce una descoordinación de los movimientos. Los médicos le diagnosticaron un tumor benigno en el cerebro y la médula espinal. Un año después extrajeron la masa tumoral de la médula.
Estupefactos, comprobaron que el cáncer se había originado a partir de las células fetales de al menos dos abortos, uno de ellos una niña. La ataxia suele matar antes de los 20 años, y los padres, desesperados, habían viajado incluso a Moscú en mayo de 2001 para someter al pequeño, que por entonces contaba nueve años, a un tratamiento experimental con células fetales. Albergaban la esperanza de que, una vez inyectadas en su cerebro, las células regenerasen algunas de las funciones cerebrales perdidas. Tras dos sesiones de inyecciones más, en 2002 y 2004, el resultado fue bien triste. Los doctores describieron el caso en la revista PLoS Medicine el pasado febrero: las células fetales se habían diseminado por el cerebro, creando más tumores. Se constató clínicamente que las células madre extrañas producen cáncer en humanos. A un hombre con ELA le prometieron mejorías en ocho semanas. Pero murió a los ocho meses.
El diario Los Ángeles Times publicó en 2005 un reportaje de investigación de un hombre llamado Tom Hill que sufría de ELA y que recurrió a una de estas empresas, Biomark International, para recibir un tratamiento de células fetales, atraído por la propaganda de la empresa. Hill acudió a Toronto en julio de 2003 para recibir una inyección de 1,5 millones de células, por las que envió previamente una transferencia de 10.000 dólares a un banco de Atlanta, esperando mejorías en unas ocho semanas. Murió ocho meses después. La Agencia Federal de Alimentación y Fármacos (FDA o Federal Drug Administration) intervino las cuentas bancarias de Biomark y la cerró. Más de 220 pacientes habían recibido inyecciones. “No dispongo de estadísticas, pero muchos de los sitios web de estas clínicas ahora aseguran que han tratado a varios centenares de pacientes al año, y en el caso de una web china, a varios miles”, indica Sipp. En su opinión, no resulta exagerado afirmar que cada año miles de pacientes se someten a estas terapias.
NOTA: El texto ha sido publicado en el periódico El País y escrito por Luis Miguel Ariza. Tiene cinco páginas de extensión, aunque amenas y didácticas. Recomendamos su lectura completa.
Pincha aquí para leer el reportaje completo, El País
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