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La prestigiosa revista científica Nature, ha publicado un reciente estudio de investigación sobre enfermedades neurodegenerativas, donde descifra algunas de las claves que intervienen en el proceso de inflamación cerebral (muy relacionado con patologías como la ELA), demostrando el papel de unas enzimas (las caspasas) para frenar este proceso.
La inflamación cerebral, responsable de patologías como: la demencia senil, el Alzheimer, el Parkinson o la ELA; está mediada por unas células del sistema nervioso central llamadas células microgliales, encargadas de eliminar los restos celulares cuando ocurren daños neuronales en el cerebro.
"Por ejemplo, si acontece un problema en las neuronas, las células de la microglia se activan con el propósito de eliminar los vestigios restantes del proceso. Éste es el mecanismo normal de actuación de las células". En las personas que padecen enfermedades neurodegenerativas, donde los efectos son crecientes, el problema radica en la activación excesiva de las células microgliales. "El inconveniente surge cuando estas células se sobre activan. En este caso generan un ambiente neurotóxico, iniciándose un círculo vicioso de muerte neuronal y activación", explican sus autores, los profesores José Luis Venero y Bertrand Joseph.
La principal aportación del estudio está en la demostración de cómo unas enzimas llamadas caspasas intervienen en el proceso de activación microgial, y cómo el uso de inhibidores de dichas enzimas podría ralentizar los efectos de las patologías provocadas por enfermedades neurodegenerativas. "Son importantes porque juegan un papel determinante en la estimulación de la microglia y en la neurotoxicidad asociada a dicho proceso. Si somos capaces de reducir la activación de este tipo de células a través de las caspasas, podríamos mitigar los procesos de inflamación cerebral", argumentan los investigadores.
El estudio ya ha sido probado con éxito en muestras de bancos de cerebros humanos, lo que implica un paso más a los primeros experimentos llevados a cabo en cultivo celular y en animales de laboratorio como los ratones. De esta forma se abren nuevas vías farmacológicas para el tratamiento de este tipo de enfermedades, con todo lo que ello significa para avanzar en el campo de la neurodegeneración. "En las investigaciones, a veces, un pequeño paso supone un gran avance en el conocimiento que puede, además, generar un gran impacto en la sociedad", concluye Venero, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Sevilla.
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