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Si la donación de un corazón o un hígado regalan una vida en el momento, la del cerebro potenciará el conocimiento, experimentación y curación de muchos enfermos con el tiempo. Un bien preciado pero muy escaso en un país, y en una comunidad, generoso por otra parte con las donaciones; pero seguramente el desconocimiento haga que todavía estas donaciones estén en mantillas además de que, tras un fallecimiento, la donación de órganos tiene prioridad. Es una cuestión ética.
El doctor Alberto Rábano, director del Banco de Tejidos de la Fundación Centro de Investigación de Enfermedades Neurológicas (CIEN) del Instituto de Salud Carlos III, con sede en Madrid, es impulsor y colaborador de la puesta en marcha de otros centros similares de España, entre ellos recientemente el de Salamanca.
“Madrid registró 70 en 2010 y este año va camino de los 90. Además, lo habitual es que vaya en aumento, nunca se registran retrocesos en el número de donaciones”, indica el doctor Rábano. El banco madrileño -hay una decena en España- es el que ha estado recibiendo en ejercicios pasados las donaciones de Castilla y León y también de Canarias; pero «precede que dada sus características y extensión, Castilla tenga su propio banco».
Testamento vital
Como en otras donaciones, la de tejido cerebral lleva su proceso administrativo y de aceptación familiar. La donación puede hacerse años antes del fallecimiento, dejarla recogida en un testamento vital o documento de instrucciones previas o en el momento cuando se les solicita a los familiares. La mitad de los casos, explica este especialista, hacen su donación meses antes o años, la otra mitad tiene la primera noticia de tal posibilidad al fallecer el enfermo.
«Todos los cerebros son útiles, no se descarta ninguno» ; pero, en principio, son especialmente interesantes los de personas que han sido diagnosticadas en vida de enfermedades neurológicas, en particular las neurodegenerativas, como el alzhéimer, la demencia con cuerpos de Lewy, el párkinson o la ELA. Sin embargo, los tejidos cerebrales de personas sanas también son interesantes para estos estudios.
Con todos se realiza un minucioso trabajo neuropatológico, un estudio en detalle del cerebro y se clasifica. Incluso en casos en que hay tumores también se analizan.
Además, los familiares recibirán un informe neuropatológico que incluirá el diagnóstico definitivo de la enfermedad y todos los procedimientos seguidos en el estudio y el archivo del cerebro. Tanto el tejido cerebral congelado como el utilizado para el diagnóstico quedan archivados indefinidamente, bajo la custodia del Banco de Cerebros, que velará para que sean empleados en investigación con absoluta confidencialidad y al amparo de la legislación de protección de datos personales.
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