Hola, me llamo Lola Sánchez, me diagnosticaron de ELA hace cinco años. En todo este tiempo he sido totalmente reacia a tener un cuidador profesional, me ha estado cuidando mi marido, Víctor, que tampoco quería que nadie extraño me cuidase.

Pensábamos que un cuidador nos estorbaba, no queríamos perder nuestra intimidad y nuestra libertad. Hemos estado aguantando hasta el límite. Víctor ya no podía más, aunque no lo dijese. Y de repente me di cuenta que estaba dejando de ser lo que es un marido, (pareja, confidente, amigo, cómplice, etc) para ser solo mi cuidador y perdiendo estos valores de pareja, eso no me gustaba. Víctor estaba cansado y con cambios de humor, yo me sentía culpable y triste… En fin, que había llegado el momento de pensar de otra manera, para recuperar todo lo perdido.

Era el momento de buscar ayuda. Eso sí, no lo hicimos a lo loco, tenía que ser alguien que tuviera buenas referencias como profesional y persona.

Ya llevo un mes con mi nueva cuidadora, María. Hoy por hoy, puedo decir que estoy encantada. Mi marido ha recobrado parte de su libertad, al menos no se encuentra con la presión y ansiedad que tenía para poder seguir cuidándome (aunque lo negara) y yo me siento feliz, ¡Quién me lo iba a decir!

Me siento muy bien cuidada, no tengo que pedir las cosas como si fuera un favor, cuando necesito o quiero algo, porque el trabajo del cuidador es ese, estar pendiente de mí y atender mis necesidades.

En fin, que hemos salido ganando los tres. Aunque Víctor me sigue cuidando, porque las noches y fines de semana son para él.

Con lo cual, gracias a mi cuidadora María, nuestra vida personal vuelve a ser la nuestra, con los cambios lógicos que nos ha traído la enfermedad.

Testimonio de Lola Sánchez, sevillana.