Soy Ana Quevedo, hace meses me diagnosticaron ELA… y mi vida ya no es como yo pensaba o creía, todo ha cambiado, no solo para mí, sino también para mi entorno.

Los que pertenecéis a este selecto grupo de supervivientes y luchadores, sabéis bien el proceso inicial, ese puñetazo que te da la vida y te deja descolocado, enfadado, triste… no hay palabras que expresen ese cumulo de emociones y sensaciones que nos envuelven.

Pero ya, eso es una etapa, un proceso y no podemos quedarnos ahí, toca empezar a hacer frente a nuestra nueva situación tanto física como mental. De forma mágica y espontánea sacamos lo mejor de nosotros, ternura, amor, tolerancia, fuerza… valoramos lo que tenemos a nuestro lado y disfrutamos con intensidad de las pequeñas cosas cotidianas.

Perfecto, estamos en camino, empezamos a disfrutar y ser felices, pero no podemos quedarnos ahí. Ahora tenemos una lucha diaria contra esta ELA que ha elegido irónicamente compartir nuestra vida y no podemos permitir que se adueñe de nosotros, porque si te abandonas se hace fuerte y te come… NO. Como yo digo, que ella se adapte a mi vida, sin perder mi esencia e identidad.

Pues empezamos a buscar armas para ralentizarla y ponerle escudo… siempre disfrutando de nuestro día a día… sin duda nuestra familia, amigos, médicos, terapeutas nos aportan esa calidez y amor necesario, pero vamos más allá, tenemos retos personales que nos hagan sentir motivación y satisfacción personal… Sí existen, y no sabemos el bienestar que nos aportan.

En esa búsqueda, además de tablas ejercicios físicos, fisioterapia y esos ejercicios tan incomodos de logopedia que realizo ante mi espejo a diario, he descubierto otra actividad que me da esa motivación: la natación. Por eso me he atrevido a realizar un pequeño artículo compartiendo mi experiencia con esta nueva aliada contra la ELA, la natación, que físicamente creo que me ha hecho recuperar capacidad respiratoria, pero mentalmente me aporta gratificantes motivaciones por el hecho de poder dar pasos en el agua, mover mis manos, etc.

Y apareció la Natación…
El dominio del agua ha sido un gran reto perseguido por las antiguas civilizaciones. En Grecia y Roma la natación formaba parte del entrenamiento militar, en Egipto era parte de la educación, en la Edad Media dio un giro y se extendió el pensamiento de que el agua era el principal portador de enfermedades… ya en el XVIII se instauro como un deporte de competición. Para nosotros con ELA, se convierte en una herramienta de lucha.

Todos sabemos que nuestro punto débil está en el aparato respiratorio y pulmonar, y por ello practicar natación es un arma contra la ELA, porque gracias a ella estamos ejercitando de manera armoniosa el aparato pulmonar y respiratorio, además de que la natación utiliza la mayoría de los grupos musculares y mantiene flexible nuestras articulaciones.

El principio de Arquímedes establece que “un cuerpo sumergido en liquido sufre un empuje vertical hacia arriba igual al peso del fluido que desaloja” …para entendernos, hace que el peso corporal de la persona disminuya hasta un 90% de su peso original, lo que nos favorece la realización de ejercicios de rehabilitación, toda la pesadez y rigidez que sentimos fuera del agua, aquí se diluye, porque el agua facilita el movimiento o disminuye las resistencias, de manera que el individuo (alias “Ana”) ejecuta movimientos o acciones que de otra manera no puede realizar, se convierte en un momento placentero, lo que nos aporta una actitud más positiva, resultando un proceso de rehabilitación mucho más satisfactorio y eficaz. Y nos imagináis el claro efecto psicológico.

Os animo a iniciaros en la natación o ejercicios en el agua… no estamos para rechazar recursos nuevos para hacer frente a la enfermedad, todo suma y nos hace más fuertes.

Fuente de la información: Ana Quevedo, nadadora profesional y paciente con ELA