Nuestro Padre Jesús de la Caridad, titular de la Hermandad de San José Obrero

Testimonio de José Luis, jiennense adoptado en  Sevilla y periodista jubilado del ABC, casado felizmente con Luci, afectada de ELA y padres de dos hijos Lucía y Víctor. Esta pequeña presentación del autor, nos hará entender mejor su testimonio. Dice así:

Algunos, bastantes, de mis años cofrades jiennenses los he dedicado a la función de fabricano, lo que en el resto de Andalucía hubiera sido capataz, hasta que el vocablo ahuyentó a las viejas palabras autóctonas. O sea, fui el encargado de mandar un paso durante la estación de penitencia de una cofradía, de la mía, la de los Estudiantes. Y he disfrutado llevando por las calles de Jaén el paso de Nuestra Señora de las Lágrimas en épocas muy dispares. Ese será un recuerdo que me acompañe durante el resto de mi vida con todo el orgullo de haberle servido a Ella, ahora que el tiempo me ha llevado a otros menesteres.

Y digo esto porque desde hace tres años, esa fabricanía, ese ser capataz, lo dedico a mi mujer, a Lucía, enferma de Esclerosis Lateral Amiotrófica, la terrorífica ELA, que la mantiene sin movimiento alguno sujeta a una silla de ruedas.

Pero eso no ha sido óbice para que hoy, Sábado de Pasión, nos hayamos atrevido a salir a las calles sevillanas y para plantarnos al paso de una cofradía. Ha sido la de San José Obrero, la más cercana porque la logística que necesitamos para movernos tiene una duración determinada, ya que los aparatos que nos tienen que acompañar disponen de baterías de duración limitada. Y hubiera sido la de hoy una cofradía más por ver de no haberse producido un hecho que sólo quien ha mandado un paso sabe del valor que tiene. Porque sólo desde ese puesto privilegiado puede comprenderse lo que siente quien presencia el paso de la efigie de Cristo o de su Madre desde un puesto de dolor, con lágrimas de impotencia en los ojos y con una plegaria que sus labios ya no pueden pronunciar porque la enfermedad les ha robado hasta el susurro de una voz que ya es recuerdo.

Por eso, hoy estoy agradecido a uno de esos capataces con los que me identifico. Mejor dicho, a dos, porque si uno de ellos la ha sabido ver junto al muro de las Trinitarias y le ha acercado el paso de Nuestro Padre Jesús de la Caridad con delicadeza, sobre los pies, muy despacio, hasta que el zanco ha rozado sus inertes pies, el otro, uno de sus ayudantes, ha sabido resumir en una sola frase el sentido de ese pequeño roce. Porque si alguien puede pensar que aquello fue un pequeño error de cálculo, yo sé bien que no lo fue. Más bien fue una caricia que aquel otro capataz ha sabido resumir en una sola frase que nos ha apretado el corazón. Tú has venido a ver al Señor y ha sido el Señor el que ha venido hoy a tocarte a ti, le ha dicho a ella.
No hacía falta más. No podía decirse de otra manera.

Ahora escribo atropelladamente, con el corazón todavía encogido. No sé cómo se llamaba ese capataz que me ha recordado una parte importante de mi tiempo cofrade. Pero hoy quiero resucitar este blog, parado desde la Cuaresma pasada, sólo para agradecer su gesto a ese hombre de negro en cuyas palabras ha resumido todo el amor fraternal que Cristo nos transmitió.

Por eso, de capataz a capataz, solo soy capaz de decirle una palabra: gracias.

Fuente de la información: Blog de José Luis García