TESTIMONIO: Quiero compartir con vosotros una experiencia que tengo desde hace un par de meses. Soy Salvador, tengo 59 años todavía…, hasta dentro de cinco meses (toda una vida…) no cumplo los 60 tacos, soy joven, jejeje. Vivo en Osuna.

Enfermo de primera motoneurona, por ahora Esclerosis Lateral Primaria, desde hace dos años y medio. Empecé cojeando y ahora utilizo silla de ruedas en la calle y en casa andador, bastones, muebles y paredes… sabéis de que hablo, ¿verdad?

La enfermedad iba evolucionando y yo cada día más torpe… Y cada día andaba menos, prácticamente de la cama al sofá. Pero es que, además, desde hace bastantes meses me dolían los pies muchísimo. Un dolor muy intenso y muy extraño, permanente, como si me estuvieran tirando de los músculos y a su vez totalmente entumecidos. Lo estaba pasando muy mal.

Los médicos hacían lo que podían, analgésicos, infiltraciones… el fisio, masajitos… pero el dolor seguía ahí, cada día más y yo no quería ni andar ni plantar los pies por dolor, un desastre. Hasta que vi el ejemplo de nuestro compañero José Antonio de Posadas que desde la inmovilidad se recuperó y ahora hace triatlones… asombroso, pero me hizo pensar mucho.

Yo no voy a volver a correr, seguro. Mi espasticidad es muy grande y la coordinación malísima, pero ¿y si consigo volver a andar por casa? No perdía nada por intentarlo y, ¡Sorpresa! Los primeros días fueron muy duros, de mucho dolor, pero al poco desapareció. Ahora consigo caminar mil pasos por la mañana y mil por la tarde, con mucho trabajo (a veces con el andador) pero con mucha ilusión. No sé hasta donde llegaré, pero lo conseguido es maravilloso. ¡No me duelen los pies!

Por lo tanto, mi humilde consejo es claro: moveros, cada uno con vuestras capacidades, pero moveros un poquito más de lo que podáis.