Testimonio de Pepe Gastalver. Caminando por Paseo Colón frente a la Plaza de Toros de Sevilla la conocí a ella. Una sonrisa blanca y perfecta de oreja a oreja que trabajaba sin descanso, morena de ojos negros, guapísima, con unas piernas de infarto y deslumbrando simpatía y naturalidad. Estaba en Sevilla con una beca por sus logros académicos, tenía claro que iba a ser cirujana. Mexicana, María Fernanda, hasta su nombre imponía, pero su tono de voz hacía que me relajara.
Amor de película
Durante 6 meses, día tras día me levantaba con la ilusión de pasar tiempo con ella. La recogía en su piso de estudiante en la calle Virgen del Valle en el barrio de los Remedios, con mi Vespa clásica de los 80 color burdeos. Siempre al irnos las compañeras nos despedían agitando la mano desde el balcón.
Cada día quería sorprenderla, enseñarle mi ciudad, una cervecita muy flamenca en el chiringuito en la calle Huelva (¡viva Huelva!), otra parada en la plaza que antiguamente tenía vida, la Plaza del Salvador, un coctel en la terraza del hotel los Seises con vistas a la Giralda, una quedada con mi pandilla en nuestro centro neurálgico de alto rendimiento, nuestra querida taberna Antípodas en el barrio Nervión de mi compadre.
Pero finalmente la que me sorprendía era ella con su forma de ser y de vivir, día tras día nos enamoramos perdidamente. Vivíamos en un mundo aparte, flotábamos por cada rincón de la ciudad, bailábamos hasta el amanecer y nos besamos que ni las películas de Hollywood y de repente se tenía que volver a México a terminar su carrera de Medicina y que tantos años llevaba esforzándose. Ella, 23 años, último año de carrera, tras 8 meses de vídeo llamadas volé a México con un nudo en el estómago. ¿Y si ya no le gusto? ¿Y si ya no me gusta? ¿Y si ya no es como antes?…
Vuelo a México
Aterricé, la vi, me sonrió y antes de fundirnos en un abrazo interminable supe que era el amor de mi vida. Ahora ella quería sorprenderme en su querido país y vaya si lo conseguía, tacos y micheladas en Cancún, playas vírgenes sin un alma en la isla de Cozumel, tequila y mezcal en Tulum y bucear por el agua cristalina de los Cenotes.
Nos ponemos serios, conocí a mis suegros (dos grandes personas, les mando un beso enorme), nunca había visto a Marifer tan nerviosa, je, je
Marifer de nuevo en Sevilla
Marifer vino a Sevilla a verme de nuevo, entre llamadas y viajes termino la carrera de medicina con el claro objetivo inicial de ser cirujana y un nuevo objetivo no planeado, el estar juntos. Para eso se vino a vivir definitivamente a Sevilla y se matriculó en una academia para prepararse el MIR (examen de acceso a la especialidad médica) no podíamos estar más felices en las horitas que estábamos juntos, no muchas ya que el estudio duraba hasta 12 horas diarias, jamás he visto un esfuerzo y una fuerza de voluntad así.
Entre esta historia tan real y bonita, se quería colar sin permiso y sin haber sido invitada la ELA, esclerosis lateral amiotrófica.
Y llegó la ELA
El primer año de conocernos yo tenía 33 años, todo era perfecto, idílico, pero a los pocos meses empecé con síntomas de algo (falta de fuerza en un brazo) continúe con mi vida sin darle mucha importancia, mientras los médicos me seguían haciendo pruebas, porque algo, cada vez más claramente, no iba bien. En una de las revisiones justo antes de volar a México el informe médico ya hablaba de la afectación de las neuronas motoras, yo por desconocimiento y pasotismo no sabía que era en ese momento.
Marifer como buena médica, desde el minuto uno estaba llevando un seguimiento de todos los informes. Tumbados en la arena de una playa de ensueño leyó los últimos informes, inmediatamente se dio cuenta que era ELA, no me dijo nada decidió que en el viaje no era el momento, se lo guardo para ella.
En ese viaje decidimos que queríamos vivir juntos, que cosas ¿No? En vez de la peor noticia de mi vida, me lleve la mejor noticia de mi vida.
Boda de cine y MIR
Marifer vino a Sevilla se sacó el MIR, se llevó la única vacante que había en Sevilla y actualmente es su segundo año de cirugía pediátrica en el Hospital Virgen del Rocío.
Nos casamos en la iglesia de Santa Ana, en Triana, fue una boda de cine, navegamos todos en un barco por el Guadalquivir al son de los mariachis con manzanilla y jamón antes de desembarcar para el banquete y la gran fiesta con amigos y familia, sin duda el mejor día de mi vida.
Llevo 7 años con ELA, pero 8 con Marifer
Actualmente el 80% de los trayectos lo hago en silla de ruedas eléctrica, soy dependiente para ducharme, asearme, vestirme comer etc. (el vaso de cerveza «cortaita» aún lo cojo). Así es mi vida y así será mientras tenga la capacidad de elegir.
Las buenas noticias ganarán a las malas, porque así es mi espíritu y el de mi mujer. Cada día me levanto feliz y si no, lo intento, por estar y por haberme cruzado en el camino de María Fernanda, cada día me levanto con el propósito de seguir sorprendido a mi mujer. Antes en moto ahora en silla de ruedas, pero seguimos recorriendo Sevilla y besándonos por sus rincones como si fuera ayer.
Churri te quiero mucho ❤️
#LeyELAya






11 respuestas
Que bonito!! gracias por compartir
Estimado Pepe:
Es admirable el coraje que reflejas en tu testimonio. Es verdad que la enfermedad, de momento, lleva su camino. Pero también es verdad que el coraje y ánimo son de tu propiedad, y con ello estás reflejando una ilusión por vivir que seguro las personas de tu entorno, aunque siendo conscientes de la situación, hace que se sientan más arropadas.
Un abrazo
Manuel muchas gracias por tus palabras, la tuya fue también una historia de mucho amor. Un abrazo enorme
He tenido el gusto de conocer a Marifer, es encantadora y juntos hacen un gran equipo. Preciosa historia de amor, donde triunfan las ganas de vivir. Un abrazo Pepe.
Muchas gracias por tus palabras Rocío. Un abrazo grande
Maravillosa Historia de amor ❤️, yo. Podría escribiros una también de amor del bueno y la nueva acompañante que entró silenciosa y sin pedir permiso ELA.
Hola Mari Angeles, te animo a escribir tu historia y la envías a la asociación para compartir. Es una alegría leer sobre el amor. Es una suerte encontrarlo. Un abrazo enorme
Una historia preciosa y apasionante y por parte de Marafer una eroina por sacar su carrera y hacer de cuidadora de él, yo he sido cuidador y se lo que se pasa y pasamos, me alegro muchísimo por esa felicidad que podéis estar pasando. No quiero estenderme más, pues yo he sido feliz 56 años y ahora la echo mucho en falta, un abrazo muy fuerte que dure mucho esa felicidad que tenéis, que haya mejoría. Manuel Cano.
Qué bonito lo que dices. Muchas gracias Manuel
Gracias por compartir vuestra historia. Nos demuestra que a pesar de las duras pruebas que la vida nos pone por delante, la hacemos bonita con nuestro amor.
Tus palabras si que son bonitas Fani. Un abrazo grande para ti, eres un SOL