Mi nombre es Pedro García y soy padre de dos niños pequeños: Pedro, de 11 años, y Jaime, de 6. Hace cinco años diagnosticaron a mi mujer con ELA, y desde entonces nuestra vida cambió por completo.
Desde el principio, intentamos normalizar la situación lo máximo posible, evitando que la enfermedad dominara nuestro día a día. Hacíamos un esfuerzo por contener las lágrimas delante de los niños. No queríamos que crecieran en un ambiente marcado por la enfermedad, sino rodeados de amor, estabilidad y esperanza.
Cuando me preguntan por lo que está pasando, siempre intento responderles con palabras que puedan entender, sin ocultar la verdad pero evitando que sufran innecesariamente. Vivimos el presente, el día a día, con la certeza de que el apoyo familiar lo es todo. Estar unidos nos da fuerza.
Aunque no pueda hablar, su amor lo dice todo
En el colegio, los compañeros de Pedro a veces le dicen que su madre se va a morir, y él vuelve preocupado a casa. Mi mujer, con la serenidad que la caracteriza, le contesta con cariño: «Todos nos vamos a morir algún día, y nadie sabe cuándo será.» Siempre hemos tratado de afrontar todo con naturalidad, sin miedo y sin transmitirles angustia.
Jaime, el pequeño, cuenta a sus amigos que su mamá no puede hablar, pero cuando la dibuja, la pinta de pie, como al resto de la familia. Y eso lo dice todo.
Porque una madre siempre es una madre, tenga lo que tenga.
Y su amor, siempre, es incondicional.







2 respuestas
Yo conozco a Susana desde hace mucho tiempo. Puedo decir que esta chica y yo bastante mas mayor que ella, hemis hablado de muchos temas, unos mas importantes e intimos y otros menos, hicimos amistad y eramos buenas compañeras. Era responsable, inteligente, agradable y lo mejir de todo, buena persona, con muchos sentimientos y muchos principios y eso la hacia, ser mejor aun. Susana es un ejempli a seguir.
Muchas gracias por tus bonitas palabras Aurora, coincides con la opinión de todos los que conocen a Susana. Muchas gracias